Hay carreteras que escriben historias que quedan para siempreen las páginas del deporte. Este es el caso de la Subida a La Peguera. Situada en las montañas de la parroquia andorrana de Sant Julià de Lòria, la carretera cuenta con bosques, desniveles y un sinfín de curvas ideales para poner a prueba el talento de los pilotos. El silencio se rompía. El rugido de los motores y el olor de los neumáticos fueron los protagonistas de la cuarta cita del Campeonato de Andorra de Automovilismo de Montaña, que está al rojo vivo.
Un año más, La Peguera volvería a demostrar porqué es una de las citas más emblemáticas del calendario. Sus 3,5 kilómetros combinan zonas muy rápidas con virajes técnicos que hacen que los participantes tengan que estar muy atentos al volante ya que un mínimo error puede costarles la carrera.
La Subida a la Peguera contó con 39 participantes con una parrilla de salida que combinó prototipos, turismos y vehículos de diferentes generaciones y características técnicas. Nombres ilustres del mundo del motor no se quisieron perder la oportunidad de dejar la huella de sus ruedas en la que es historia viva del motor.